ABAJO LOS ENZAPATADOS Y VIVAN LOS DE QUIMBA*

El día 31 de diciembre a las 10 y 30 p.m., después de persistentes amenazas y agresiones de palabra y de obra contra varios caballeros y que estos esquivaron, el populacho de Campoalegre encabezado por José Vega, Santos y José Cortes, Ángel María Perdomo, Alfonso Sánchez y José María Castillo, a los gritos de ¡Abajo los enzapatados! ¡Viva la pobresia! ¡Vivan los de quimba!, asaltó a piedra el salón en que bailaba la primera sociedad de la culta y simpática población. Los concurrentes escaparon por una puerta lateral bajo las pedradas de la multitud, que alcanzaron a golpear hasta a algunas señoras. Refugiándose los atacados en la casa del señor don Guillermo Trujillo, fueron sitiados por el pueblo toda la noche. En actitud resuelta y amenazante.

Entre 6 y 7 de la mañana del día del año nuevo, llegó un piquete de 20 hombres de la gendarmería departamental, despachado de esta ciudad, que fue atacada por el pueblo, resultando golpeados varios gendarmes. En momentos en que el alcalde, señor Campo E Ferro y varios otros caballeros que habían acudido a poner el denuncio y a pedir protección bregaban por hacer respetar la fuerza armada, un grupo del populacho, a la cabeza del cual iba José Vega, armado con puñal, se lanzó contra el señor Anselmo Falla, quien viéndose acometido por un esforzado agresor armado, se vio en el caso de hacer  uso de su pistola, disparando varios tiros como para intimidar; pero últimamente, como el  agresor no se contuviera, disparó directamente contra él, y Vega quedó mortalmente herido muriendo al día siguiente.

Después de despachar mayor número de tropa, el mismo Gobernador se trasladó al lugar de los acontecimientos, acompañado del presbítero Julio Quesada. Contenido el pueblo nada hizo nuestro Gobernador para castigar a los responsables de la Asonada (…)

Queda así la sociedad culta de Campoalegre intranquila y amenazada a muerte con la carta blanca expedida por nuestras altas autoridades a los amotinados quienes han jurado solemnemente vengar la muerte de Vega y no dejar tranquilos a los enzapatados hasta no realizar su venganza. Sorprende sobremanera esta actitud del pueblo del Campoalegre, donde los ricos y la sociedad culta han tratado siempre a la clase proletaria con afabilidad y hasta con familiaridad preocupándose por proporcionarle las diversiones posibles, hasta el punto de que en todas fiesta hay una consideración especial, abriéndose un puesto o un número para la gente del pueblo.

Cierto es que recientemente fue castigado con desmedida severidad por varios caballeros un individuo del pueblo que causó un daño a un niño de las principales familias de la sociedad; cierto es que el pueblo se quejaba de la parcialidad del Alcalde en favor de las gentes pudientes y que las quejas dirigidas a la Gobernación fueron desoídas; cierto es que un caballero se permitió durante una procesión actos que, sin tener nada de sacrílegos ni blasfemos, si contrariaban los sentimientos o el fanatismo de quienes lo presenciaron. Pero esto no justifica la actitud del populacho, ni la explica sin la  intervención de un factor decisivo, agente (sic) prácticamente irresponsable, preparador y organizador del motín.

Diario Nacional, enero 16 de 1917.

*Tomado del libro: Gente Muy Rebelde, Tomo III. Mujeres Artesanos y protestas cívicas. Pág 34. Renán Vega Cantor.

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